Un Corazón para Llevar

Un corazón nuevo para llevar, por favor

Tu vida requiere de un cambio radical.

Hay una canción de Santiago Benavides que dice así: “descubriendo que soy otro en el montón, cuya gran aspiración es llegar más lejos que el vecino”. ¡Cuánta verdad hay en esas palabras! Nos la pasamos buscando excusas para nuestros defectos. Nos comparamos con personas que, según nuestro pobre juicio, están peor que nosotros. Intentamos con todas nuestras fuerzas quitarnos las manchas del pecado señalando los pecados de otros. Buscamos nuestros propios métodos para deshacernos de nuestra maldad. Pero la única manera de lograrlo es a través de Jesús. Dios se hizo hombre en Jesús, fue a la cruz, murió y resucitó para que tú pudieras ser completamente limpio. Gracias a todo eso puedes tener un corazón nuevo ¿Te cuesta entender esto?

Hablemos un poco del rey David. Fue un hombre que vivió hace tres mil años y en la Biblia se le conoce como “un hombre conforme al corazón de Dios”. ¿Quién era David? Un hombre privilegiado, un comunicador natural, elocuente, un héroe militar, el más honrado y cumplido de los líderes del mundo, y además, era guapo ¡Lo tenía todo! Sin embargo, seguía siendo humano y falló. Cometió adulterio y homicidio, pero reconoció sinceramente y delante de Dios que había fallado. Dios le llamó un hombre conforme a Su corazón, le permitió permanecer en el poder y continuó moldeando su carácter.


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El hombre que se arrepintió

Sí, David se equivocó feo. Entonces ¿cómo es posible que, un hombre que hizo cosas tan terribles, fuera descrito tan amorosamente en las Escrituras como el hombre conforme al corazón de Dios? Es bien fácil juzgarlo desde nuestra perspectiva, pero hubo algo distinto en David.

¿Practicó Dios, de algún modo, favoritismo y mantuvo a David apegado a un bajo nivel de rectitud?

Nuestra primera reacción es pedir la cabeza de aquél que creemos culpable. Qué fácil ¿no? Lo vemos hoy en día con nuestros gobernantes o las personas que ejercen algún puesto de autoridad. Queremos que sean castigados por errores muy graves y evidentes. En el ámbito espiritual es igual; cuando alguien comete un pecado grave y evidente, queremos que sea castigado. ¿Permitiría Dios que estos pecados quedaran impunes? ¿Practicó Dios, de algún modo, favoritismo y mantuvo a David apegado a un bajo nivel de rectitud? ¡No! De hecho, hubo consecuencias para David: perdió a su hijo. Esto fue una consecuencia de su pecado. Pero evitó un juicio aún peor porque algo sobrenatural sucedió en su corazón: se arrepintió.

El arrepentimiento duele. En el caso de David, ese dolor fue el que pavimentó el camino del perdón total. Al igual que él, nosotros necesitamos ver el horror de nuestros pecados. Cuando David fue confrontado por el profeta Natán, la carga de su culpa lo agobió y lo lastimó hasta llevarlo a un arrepentimiento. Ese dolor que causa el reconocer que estamos haciendo algo terrible, es lo que Dios usa para que anhelemos cambiar el rumbo.

Un corazón nuevo para llevar, por favor

David, expresa esta advertencia desde su corazón: Por lo tanto, que todos los justos oren a ti, mientras aún haya tiempo, para que no se ahoguen en las desbordantes aguas del juicio. Salmos 32:6. ¿Qué quiere decir esto? Dios es paciente y nos da la oportunidad de ver nuestro error y rectificar. Pero es triste ver como algunos se niegan a reconocer sus pecados, y se esconden detrás de la máscara de “yo soy bueno”. Es entonces cuando vemos como los problemas financieros, enfermedades, estancamiento emocional y espiritual, o cualquier otro tipo de problemas llegan, a causa de no corregir y dejar el pecado. Culpamos a todos, incluso a Dios, cuando realmente somos nosotros los responsables.

No hay nada que podamos esconderle a Dios.

Pretendemos muchas veces buscar a Dios a pesar de todos los pecados que hemos cometido, sin antes haber arreglado nuestro corazón. Sí, Dios nos ama a pesar de nuestros pecados (que son muchos), para eso es la cruz, sin embargo, primero debemos ser honestos ante Él. No hay nada que podamos esconderle a Dios. ¿Cómo voy a ser limpiado si ni siquiera puedo ver qué tan sucio estoy?

El arrepentimiento trae consigo un regalo: un corazón nuevo. Reconocer nuestro error y enderezar el rumbo nos pone de nuevo dentro de los planes de Dios para nosotros. El arrepentimiento trae consecuencias y la falta de arrepentimiento también. Permanecer en pecado nos deprime, nos desanima e incluso puede hacer que nos alejemos de Dios. Orar menos, evitar la iglesia y la Biblia, todo esto abre una puerta que te recuerda tu culpa. Todos somos culpables, y todos podemos tener un corazón nuevo si somos capaces de caer de rodillas y reconocer que estamos equivocados.


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¿Para qué confesar, si Dios ya sabe todo?

El hombre pasa toda su existencia en la tierra buscando la plenitud en su vida. ¿Existe una vida plena? Sí, y el camino hacia esa vida se abre una vez que confesamos y somos limpiados de nuestro pecado. Para que esto suceda se necesita más que saber la teoría, se requiere fe. Solamente por fe puedes tener la seguridad que lo que Jesús ha dicho y hecho es verdad. Por fe puedes aceptar que Dios te ama, te perdona y te limpia. Con fe y un corazón dispuesto puedes aceptar el perdón de Dios. Esto no es algo ordinario, ¡es sobrenatural! Va más allá de lo que podemos comprender, por eso necesitamos fe.

“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” 1 Juan 1:9.

Confesar es un reflejo de tu fe en Dios y en Su palabra. Cristo ya te ha perdonado de una vez y para siempre. Pero al admitir tus pecados, estableces como algo vivencial, propio, lo que Dios ha hecho por ti mediante la muerte de Su Hijo. En otras palabras, tenemos el perdón gracias a la cruz, y confesar nuestros pecados afirma el poder que tiene ese perdón para ayudarnos a vivir una vida santa y recta.

Mantenimiento

La mejor manera de mantenerse limpio es confesar y reconocer nuestro pecado ante Dios y apartarnos de ese pecado. A Dios le gusta cuando nos apartamos y buscamos agradarle. Cada vez que nos arrepentimos realmente de nuestra maldad, es una forma de mantenernos cerca de Él.

En cierta ocasión Juan Wesley pedía que los cristianos se reunieran en pequeñas comunidades para cuidarse entre sí de las influencias negativas. Se retaban unos a otros en lo referente a sus decisiones y su crecimiento espiritual. Wesley llamó a esto: “Vigilarse unos a otros con amor”. Ellos estaban determinados a mantener a cada uno dentro de la responsabilidad de llevar una vida santa. Incluso si alguien nuevo llegaba también era cuestionado sobre su disposición para ser corregido por los demás a fin de vivir una vida santa. ¡Increíble!

Suena muy radical ¿verdad? Pero estos creyentes comprendieron que era desagradable entender las partes grotescas de nuestra naturaleza, pero es mucho más desagradable y dañino enfrentar los resultados que vendrían si no trataban con su pecado. Quizás suene incómodo lo que hacían, pero su intención estaba centrada en la eternidad.

Dios está buscando un pueblo que anhele vivir en santidad, así como David; buscar el corazón de Dios a través de un arrepentimiento genuino y corrigiendo nuestro caminar cada día. Si hay un arrepentimiento genuino, Él perdona y sigue usando nuestra vida.

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