Un Hambre Insaciable

¿Cómo te estás alimentando espiritualmente?

Quiero compartir sobre el nacimiento de Jesús. Tuve la oportunidad de estar en Israel hace unos años. Como todos saben o alguna vez han escuchado, Jesús nació en una pequeña aldea llamada Belén.

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. (Isaías 9:6 RVR1960)

¿Por qué Dios eligió Belén?

Belén es especial también por su nombre: Belén significa “casa de pan“. En todas las culturas el pan es parte esencial del estilo de vida. Es increíble saber que en Estados Unidos se comen cerca de treinta y cuatro millones de piezas de pan diarias. Han existido incluso personas que han sobrevivido simplemente con pan. El pan es un alimento que sacia. Dios pudo haber elegido Jerusalén, el cual era el centro de la adoración y de las fiestas populares del pueblo de Israel; sin embargo, Belén Efrata, al sur de Nazaret, era un lugar que había sido profetizado y, con todo y su insignificancia, fue el lugar escogido por Dios para que Jesús naciera.

“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”. Miqueas 5:2

Dios se toma el interés de ser muy específico y lo hace con una intención. De acuerdo a la enseñanza judía, era necesario que Jesús naciera del linaje de David, y Belén Efrata era la ciudad donde el rey David nació. Esta es una de las muchas profecías que se cumplen a través de la vida de Jesús. “Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11).


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¿Cómo estás saciando el hambre de tu corazón?

“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. Juan 6:35

Todos tenemos necesidad de ser saciados. Por ejemplo, si nos alimentamos mal y comemos sólo comida chatarra, nos vamos a enfermar y exactamente lo mismo ocurre con la vida espiritual. Si nos dejamos de alimentar de Dios, nos enfermaremos espiritualmente. Quizás nos sintamos bien “comiendo” otras cosas. Estamos distraídos en el cotorreo, con los amigos y con el corazón en otro lado. Andamos sin fuego y sin pasión; todo por no estar comiendo bien. Esta es la clave para tu vida y para mi vida: No perder el hambre de Su presencia.

Jesús es la provisión de Dios para nuestra alma y corazón. Él es el único que va a saciar verdaderamente tu necesidad espiritual. Así como el hambre física es diaria, el hambre espiritual también es diaria. La búsqueda de la presencia de Dios es lo que nos da vida.

¿Cuáles son las cosas de las que tenemos hambre?

Hambre de Ser Aceptados

“En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”. Efesios 1:5-6

Una de nuestras necesidades como seres humanos es la de ser aceptados por las personas a nuestro alrededor como familia y amigos. Muchos luchan al pensar que Dios es como un juez que te juzga si haces algo mal. El creer que Dios te rechazará cuando te acerques a Él es una percepción equivocada. ¡Fue Dios mismo quien tomó la iniciativa para salvarte!
Él vino a nacer como un bebé para mostrarse, para identificarse con nosotros. Así como estás, así como eres, Dios te acepta y te recibe. Jesús vino a suplir nuestra necesidad de amor y de ser aceptados. Él no rechaza a nadie.

Hambre de Perdón

“Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él”. Isaias 53:5

Todos tenemos una necesidad de ser perdonados por nuestros errores del pasado. ¿Te pasa que de repente vienen pensamientos de cosas en que la regaste? Errores, fallas y cosas que lamentas regresan constantemente a tu mente y vives cargándolas. Jesus nació, vino a morir en la cruz y pagó así por tu pecado y aquellas cosas que el diablo quiere usar para condenarte. ¡Jesús llevó la carga para que tú ya no tuvieras que pagar ni sentirte condenado!


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Hambre de Vida

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Juan 11:25

Hablemos en el contexto del miedo a la muerte. Todos tenemos cierto miedo a morir. La verdad es que todos vamos a morir; no tenemos control de la duración de nuestra vida ni sabemos cuando terminará.
Cristo nació para morir; se hizo carne para morir por ti y por mí. Tú y yo, de igual manera, vamos a morir algún día, pero tal como a Jesús, la muerte no nos va a contener. Esa necesidad de certeza de vida es suplida por Él a través de Su resurreción. Jesús es nuestra esperanza de vida eterna.

El pecado es el plato equivocado. No podemos seguir alimentándonos de lo que no nos nutre espiritualmente. Solamente Cristo puede saciar y llenar todos los espacios de nuestro corazón. El pan por sí solo no quita el hambre; hay que comerlo. Hay que hacer el alimento espiritual parte de nuestra vida diaria tal como el alimento material. El problema no es que falte pan, sino que nosotros queramos comer de Él. ¿Lo crees? ¿Crees que Jesús puede saciar tu hambre de amor, de perdón y de vida?

El pan que Dios envió en Jesús es un pan perfecto que, si lo comes y crees, saciará esa hambre de amor, de perdón y de aceptación. De todo lo que tu alma necesita, Jesús es el pan. Creer es comer. ¿Qué estás comiendo hoy para saciar tu hambre? ¿Estás dispuesto a participar de la mesa que el Señor preparó para ti?

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Viviendo en Cristo
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