Herida

Una Herida Que Destruye Tu Vida

En cualquier momento puedes ser herido. ¿Sabes cómo enfrentarlo?

Hay heridas que todos llegamos a tener en nuestras relaciones con amigos, familiares y conocidos. Todos estamos expuestos a ser heridos y también a herir consciente o inconscientemente. La pregunta no es si va a haber una herida o no, la pregunta es: ¿cómo resolverlo? ¿Qué hacemos con eso que nos lastimó o hirió?

Cuando alguien extraño te ofende realmente no te importa, pero cuando se trata de alguien cercano la herida es más profunda. Tus papás, tu hermano, tu pareja o personas de las que tienes grandes expectativas. Para Jesús es muy importante que resolvamos cada herida, si no lo hacemos, sin duda nos destruirán.


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Vive de acuerdo a lo que eres en Dios

David, uno de los reyes de Israel, no venía de una familia real. Dios lo había llamado para ser rey. De la misma manera, nosotros hemos sido llamados a ser reyes (1 Ped. 2:9; Ap. 1:6). Somos seres humanos igual que cualquier persona, pero Dios nos escogió, nos llamó a ser reyes y reinas por el puro afecto de Su voluntad. Dios mostró Su amor por nosotros cuando aún estábamos en nuestro delitos y pecados. No es algo que merezcamos o hayamos ganado, no es por obras, sino por Su gracia que somos salvos y podemos aspirar a ser parte de una familia real. Muchas veces sentimos que no valemos nada pero la voz de Dios nos dice que para Él tenemos mucho valor. ¡Valemos la vida de Jesús mismo!

Absalón fue uno de los hijos del Rey David, siempre tuvo la vida que un miembro de la realeza merece. Además, dice la Biblia que era un joven perfecto en hermosura: ¨Y no había en todo Israel ninguno tan alabado por su hermosura como Absalón; desde la planta de su pie hasta su coronilla no había en él defecto” (2 Sam. 14:25 Reina Valera Revisada 1960).

Dios nos ha hecho hermosos y perfectos en Cristo. Nuestra condición espiritual no era agradable, pero Su presencia en nosotros cambia la manera como nos vemos. Somos Su especial tesoro (Mal. 3: 1-18).

Una pequeña herida se puede volver mortal

Debido a la situación que sufrió su hermana Tamar, se creó una herida en el corazón de Absalón.

Absalón era hermoso y perfecto, pero todo lo que tenía se echó a perder porque no supo tratar con una herida: ¨Y le dijo su hermano Absalón: ¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Pues calla ahora, hermana mía; tu hermano es; no se angustie tu corazón por esto. Y se quedó Tamar desconsolada en casa de Absalón su hermano. Y luego que el rey David oyó todo esto, se enojó mucho. Mas Absalón no habló con Amnón ni malo ni bueno; aunque Absalón aborrecía a Amnón, porque había forzado a Tamar su hermana” (2 S. 13:20‭-‬22).

Debido a la situación que sufrió su hermana Tamar, se creó una herida en el corazón de Absalón. El rey David, al conocer la situación, no hizo nada para reprender a Amnón o para tratar a Tamar. Esta aparente indiferencia fue el comienzo de la destrucción interior de Absalón. Aun y cuando él no había sido afectado directamente, permitió que esto fuera más allá de una simple herida dándole seguimiento sin perdonar.

No tomes decisiones cuando te han lastimado

Este joven levantó una rebelión contra su padre, el Rey David: ¨Y se levantaba Absalón de mañana, y se ponía a un lado del camino junto a la puerta; y a cualquiera que tenía pleito y venía al rey a juicio, Absalón le llamaba y le decía: ¿De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo es de una de las tribus de Israel. Entonces Absalón le decía: Mira, tus palabras son buenas y justas; mas no tienes quien te oiga de parte del rey. De esta manera hacía con todos los israelitas que venían al rey a juicio; y así robaba Absalón el corazón de los de Israel. mientras Absalón ofrecía los sacrificios, llamó a Ahitofel gilonita, consejero de David, de su ciudad de Gilo. Y la conspiración se hizo poderosa, y aumentaba el pueblo que seguía a Absalón” (2 S. 15:2‭-‬3‭, ‬6‭, ‬12).


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Jesús nos ha llamado a perdonar, aunque la situación parezca injusta.

No tomes decisiones cuando te han lastimado. Muchos ya no quieren creer, dejan de confiar y toda esa hermosura que Dios puso y el propósito empiezan a ser afectados. Absalón no habló ni bien ni mal sobre David, sino que guardó todo su resentimiento y comenzó a alimentar su coraje, dolor y amargura. Aunque por la situación era muy humano y lógico lo que sentía Absalón, nunca debemos de justificar el resentimiento. En Mateo 6:5-15 Jesús enseña a sus discípulos cómo orar. Jesús hace un énfasis especial en el perdón, porque puede ser algo de vida o muerte. Jesús nos ha llamado a perdonar, aunque la situación parezca injusta. Nadie se merece un perdón. Si el perdón se mereciera no sería misericordia.

La amargura no se sacia

Detrás del resentimiento está el enemigo. Detrás de la falta de perdón está la muerte. Esa situación que te hirió y no trataste como deberías te llevará a la muerte espiritual. Tú y yo podemos perder la gracia por dejar que alguna raíz de amargura estorbe a causa de no saberla tratar (Heb. 12: 1-29). Absalón odió a su hermano Amnón y estuvo planeando cómo matarlo por dos años (2 Sam. 13: 23-29). La amargura nos lleva a hacer cosas que nunca creímos hacer. Creemos que cuando nos venguemos se va a acabar el problema pero el resentimiento y la amargura no se sacia con venganza. Lo solución que Jesús nos da contra el resentimiento es el perdón.

Después de matar a su propio hermano, Absalón no quedó satisfecho sino que después se levantó en contra de su propio padre y, aunque David lo amaba, no lo permitió. Cuando este joven hermoso llegó a su fin, David lloró como nadie más por él. Cada uno es responsable de sus propios actos: Absalón, pudo haber elegido ser hijo del rey en lugar del resentimiento.

Perdona y pide perdón

Cuando era joven quería servir al Señor de tiempo completo, entonces se lo conté a mi papá. Él me dijo que primero tenía que estudiar una carrera. Cuando terminé mi carrera volví a decírselo, esta vez me dijo que trabajara con él. Durante este trabajo una empresa me contactó y papá me dio como consejo que tomara el trabajo. Pasó un tiempo, finalmente papá y yo hablamos y estuvimos de acuerdo en que ya era el tiempo. En ese momento mi mamá no estuvo de acuerdo y me lanzó unas palabras que se grabaron en mi mente por mucho tiempo: “Qué desperdicio de hijo”. Yo tomé y guardé esas palabras, entonces cualquier cosa que mamá había hecho en el pasado o hacía, yo las tomaba para mal.

Un día el Señor me confrontó y me hizo ver que eso no era lo que un hijo de Dios debía hacer. Fui con mi madre la abracé y traté la situación. Le expresé todo lo que sentía, lloramos, le dije que la perdonaba y ella me dijo que siempre me había amado, que era su hijo y también yo le pedí perdón.

No guardes resentimiento ni tomes venganza por tu cuenta. No tomes decisiones en medio de la batalla, perdona las ofensas que te hacen y deja que Dios obre. El restaurará todas las cosas.

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