Libre

Una Respuesta al Sentimiento de Culpa

Es hora de poner al pasado en su lugar.

Si ya leíste la parte 1 de este tema (Esa Voz Que Nos Condena) recordarás que se habló sobre las causas de la culpa, cuáles suelen ser las reacciones ante la condenación y la importancia del perdón. La verdad es que es un aspecto tan presente (y catastrófico) en nuestras vidas que podríamos dedicarle cientos de estudios. Pero vayamos al grano: si te sientes herido y desalentado por algo del pasado, es una alarma de que Dios necesita trabajar con tu vida.

El mayor peligro del sentimiento de culpa es que nos hace sentir lejos de Dios, indignos. Esto aumenta el vacío en nuestro interior porque nuestro espíritu pide tener una comunión con Dios. Debes de saber que Dios está esperando recibirte, con o sin culpa; Él desea que te acerques con un corazón arrepentido y en reverencia. Ya no te enfoques en qué tan grande fue tu caída en el pasado, sino en cómo vas a caminar de hoy en adelante. Dios desea bendecirte, pero ante todo desea transformar tu corazón y convertirte en lo que Él ha diseñado para ti, un proyecto inimaginable.


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Desechando la Culpa

“Yo, sí, yo solo, borraré tus pecados por amor a mí mismo y nunca volveré a pensar en ellos”. Isaías 43:25 (NTV)

Algunas personas transitamos este camino de la vida cargando cosas del pasado. En ocasiones, ni siquiera fue culpa tuya, quizá alguien te maltrató o sufriste un rechazo cuando aún eras niño. Las voces en tu interior deforman lo que pasó y te acusan de que fue tu culpa: “Te lo buscaste. No te merecías algo mejor”. Podemos pasar años arrastrando maltratos de nuestra infancia, o un malentendido. Vivimos con la conciencia cargada de remordimientos, de traición, de dolor.

Puede ser que la condenación haya aparecido cuando fracasaste en una relación personal. Te hirieron y creíste que fue por tu culpa, que no eras suficiente, que a nadie le va a preocupar tu vida. Pero, ¿te has puesto a pensar que quizá esa otra persona pudo haber sido la de los problemas?

Las voces en tu interior van a seguir hasta que decidas ponerles un alto. No permitas que echen raíz las acusaciones que vienen de parte del enemigo, porque sí, hay un enemigo que sabe cómo hacerte sentir mal, que conoce tus debilidades y las va a explotar para hacerte caer. En este estado las bendiciones no han llegado a tu vida, porque aún no le has dado el control total a Dios.

Es real que todos tenemos un pasado que superar, y el primer paso cuando le entregamos nuestra vida a Cristo es reconocer que somos perdonados, incluso si las voces siguen rondando. Perdonar no solo significa disculpar la culpa, sino olvidar lo pasado y comenzar de nuevo. Dios así lo hace con nosotros: perdona y no se acuerda más de nuestras rebeliones.

Si Dios mismo decide no recordar nuestros errores y pecados, ¿por qué nosotros nos castigamos con recuerdos y acusaciones? Decidamos dejar de escuchar las voces del acusador.


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Corre a Sus Brazos

“Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él”. Juan 3:17

En la sociedad actual nos pintan a un Dios condenador, que nos observa a cada momento y nos acusa de nuestros errores. Las personas se alejan porque temen no ser bien recibidas. Incluso en el lenguaje popular se dice que una iglesia “puede incendiarse” si entra una persona “muy pecadora”.

La realidad es que Dios no nos ve como la sociedad lo hace. Dios nos conoce incluso desde el vientre de nuestras madres y no hay nada oculto ante sus ojos. No importa qué tan pecador eres, la misericordia de Dios siempre será mayor.

Hoy Dios quiere recibirte con los brazos abiertos, quiere que seas libre de las cadenas de la culpa. Como el padre recibe al Hijo Pródigo después de haber estado ausente, Él está esperando que des el primer paso hacia su dirección.
Te sorprenderá saber cuánto amor tiene Dios por ti.

Un Padre Que Nos Consiente

“No seguirás enojado con tu pueblo para siempre, porque tú te deleitas en mostrar tu amor inagotable”. Miqueas 7:18

Cuando tomamos la decisión de escuchar la voz de Dios y regresar a los brazos de nuestro Padre, quizá estuvimos mucho tiempo lejos de Su presencia. Pasamos la mayor parte de nuestras vidas sosteniendo el peso de nuestras decisiones y ahora que hemos soltado la carga, creemos haber perdido mucho tiempo lejos.

Dios nos da la oportunidad de comenzar de nuevo. Su amor y misericordia es de tal tamaño que perdona todos nuestros errores y no nos guarda rencor. Dios no es como el ser humano que intenta perdonar pero sigue guardando resentimiento hacia el culpable.

Este amor inagotable es el que Dios desea derramar en sus nuevos hijos. No importa en qué momento le conociste, Sus promesas nunca llegan tarde. Cuando decidimos abandonar el camino equivocado y seguir Su senda, Dios hará cosas grandiosas en nuestras vidas. Somos como ese vaso de barro imperfecto y débil que espera ser moldeado por un alfarero hábil y lleno de amor.

Sin embargo, este nuevo sendero va a exigir que tengamos la actitud correcta. Dios nos liberó de las cadenas del pasado, ahora ¿qué harás para seguirle? No puedes quedarte donde mismo, esperando ser atacado de nuevo por pensamientos acusadores. Una actitud correcta significa que debemos soltar la vestidura del hijo ausente y condenado, y tomar las del hijo que decide volver al padre y recibir su misericordia. Deja de lamentarte y llenar tu vida de autocompasión. Es hora de levantarse, quitarse el polvo y empezar a vivir las promesas de Dios.


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Un perdón impagable

“No te quedes estancado en la culpabilidad”.

En el camino de vuelta a casa habrá personas o voces que nos recuerden nuestros pecados, que traigan a la memoria nuestros pensamientos más oscuros para hacernos sentir que no somos merecedores de Su perdón. Cuando estas voces aparezcan debes poner un alto y responder: “Sé que mi Dios es un Dios bueno. Su misericordia es más grande que mis errores. Así que recibo Su perdón y voy a esperar cosas buenas en mi vida por Su gran misericordia”.

En otras ocasiones las personas tienen una percepción incorrecta de Dios. Creen que es un ser con una lista en la mano registrando cada decisión equivocada que tomamos; con un ceño fruncido Dios nos mira desde lo alto desaprobándonos. Cuando pensamos así tendemos a buscar su aprobación con acciones “buenas”. Creemos que podemos pagar por nuestros errores y ganar Su amor, cuando esto es algo impensable. Entonces actuamos solo dentro de “Sus parámetros” o lo que creemos que son Sus parámetros. Renunciamos a nuestros sueños, nos sentimos siempre descalificados, deprimidos, esclavizados, y pensamos que con este tipo de vida y de actitud le estamos retribuyendo a Dios. Lo que en realidad estamos haciendo es vivir a un nivel muy inferior al que Él tiene diseñado para nosotros.

Pecar tiene sus consecuencias, las cuales tendremos que enfrentar. Pero esto no significa que Dios no nos perdone una vez que nos hemos arrepentido y cambiemos nuestro rumbo. No te quedes estancado en la culpabilidad. Dios no desea que nos arrastremos, lamentándonos por las cosas del pasado, o lo que no podemos cambiar. Al contrario, Dios te reconoce como Su hijo, te ama y desea que lleves una vida de victoria, con la frente en alto. Adopta una nueva actitud, libre de culpa y, ante todo, libre de voces acusadoras. Quizá fue mucho tiempo que pasaste creyendo una mentira, pensando que Dios no te iba a recibir, pero Dios sigue teniendo un gran plan para tu vida y quiere cumplirlo.

Escojamos Su misericordia

Después de todo lo que has leído sobre el tema de la culpa, ¿cuál será tu decisión? Por el pasado no podemos hacer nada, pero por el futuro aun estamos a tiempo. Decídete a escoger la misericordia de Dios. Él te anhela, y desea que le conozcas. Lo repito una vez más: puedes haber cometido grandes errores en el pasado, pero lo que importa es qué harás ahora. ¿Los repetirás? ¿Vivirás creyéndole a la voz del fracaso que quiere mantenerte alejada de Dios? Si reconoces tus debilidades y decides escoger el camino correcto, Dios comenzará a obrar en lo que viene delante. Él no rechaza un corazón humilde y sincero.

Quizá pasaste demasiado tiempo escuchando otras voces, viviendo de derrota en derrota, y ahora es difícil levantarse. O piensas que ya has perdido lo mejor de tu vida, pero Dios puede restaurarlo. Deja la negatividad y pensamientos de derrota en tu pasado. Desecha todo lo que no te deja avanzar en las promesas de Dios. Comienza a dar pasos de fe en su dirección, sabiendo que Él te acepta, que te ha perdonado y tiene para ti un futuro brillante. Cuando lo hagas las voces del pasado se debilitarán, los lazos que te ataban se caerán y serás libre.

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Crecimiento Espiritual
Hay un Comentario sobre este artículo
  • Anónimo
    21 abril 2016 at 9:51 pm

    Excelente artículo!

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