Perdido

El Valor de Aquello Perdido

Cada persona es inmensamente valiosa para Dios.

¿A cuántos de nosotros nos han tenido que ubicar? A todos alguna vez nos han tenido que dar un zape santo para poner las cosas en orden. ¡Ubícate! Hoy quiero hablarte acerca de lo que realmente tiene un gran valor. Las cosas en el mundo, la economía, la sociedad, se rigen por el principio económico de la oferta y demanda. Hablaba con unos chicos acerca de una moneda virtual. Desde el 2009 un grupo de personas crearon un código único y a ese código le dieron un valor de 10 centavos de dólar y lo llamaron “bitcoin”. Entonces comenzaron a comprar cosas por internet, sin reportar nada. En algún momento, este sistema comenzó a crecer y la gente lo usaba cada vez más para comprar y/o vender. Tiempo después ya no valía 10 centavos, sino que valía $1 dólar. Llegó a ser tanta la gente que invertía en esta moneda virtual que, por consecuencia, en 2013 llegó a su valor más alto: $1100 dólares. Cuando esta red aún no era muy conocida, un joven compró aproximadamente 40 bitcoins, gastando alrededor de $30 dólares. Con los años, esos $30 dólares se convirtieron en $6 mil.


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Sin embargo, después vino un problema: los bitcoins son como correos electrónicos, nadie es dueño de ellos sino que es un medio o transferencia. La página que utilizaban para gestionar esa moneda llegó a tener mucho movimiento. Ciertas personas compraron muchos bitcoins, cuando éstos valían menos, y lograron hackear la página por varias horas mientras cambiaban esos bitcoins por efectivo. ¡Retiraron muchísimo dinero! Hubo tantos bitcoins libres que, al haber tanta oferta, cayó su valor. Actualmente valen aproximadamente $400 dólares cada uno.

“Es una realidad que Dios te ama y por eso vales”.

Si hay mucha oferta, el precio es barato. Pero si hay mucha demanda y poca oferta, entonces el precio sube. En palabras más sencillas, cuando la gente quiere algo, ese algo sube de valor. Tú y yo valemos mucho por el valor que Dios nos da. Es una realidad que Dios te ama y por eso vales. Si el Creador del universo y el Dios de todas las cosas nos ama, ¿cuánto valor crees que tenemos? ¡Es un valor incalculable! Cada persona es inmensamente valiosa para Dios. Tú eres valioso y la persona que está a tu lado en el trabajo o en la escuela y que no conoce a Cristo también es valiosa.

Algo Realmente Valioso

“¿Estamos dándole el valor a las personas de la misma manera que Dios?”

Como cristianos, tenemos la responsabilidad de alcanzar a otros. Si nosotros nos damos cuenta y entendemos el valor que la gente tiene para Dios, comprenderemos más la importancia de alcanzarlos para Cristo. ¿Estamos alcanzando a otros de la manera que Dios espera? ¿Estamos dándole el valor a las personas de la misma manera que Dios? ¿Le damos el valor a los jóvenes de esta generación como Dios lo hace? ¿Estás dándole el valor que Dios le da a los jóvenes de tu iglesia, trabajo o escuela? ¿Los puedes ver como Dios los ve? Estas preguntas no son para hacerte sentir mal sino para retarte. Estas preguntas nos pueden incomodar un poco y movernos a la acción. Necesitamos ubicarnos. La razón por la cual somos cristianos y asistimos a una iglesia es para conocer al Señor y crecer más en Él, sí, pero también es para alcanzar a otras personas que Él ama.

“Nunca olvides que Dios le puso valor a tu vida”.

Uno de los virus más grande que puede tener una iglesia o un grupo de jóvenes es el de dejar de tener preocupación por los que no conocen a Cristo. Es una enfermedad y algo que nos paraliza. ¿Cuantos se han enfermado? Todos hemos tenido el famoso malestar del cuerpo cortado, ¿no? ¡Esto te paraliza completamente! No te dan ganas de salir, es más, a veces ni siquiera quieres comer. En la vida de una iglesia los síntomas son semejantes: perder la preocupación por las almas que no han sido alcanzadas y olvidar la razón por la que hemos sido llamados y por la que somos el cuerpo de Cristo. Nos hacemos cristianos domingueros y entonces comienzan los problemas, porque perdemos el enfoque. Cuando eso sucede, es bien fácil buscar los errores internos y empezamos a ver hacia adentro en lugar de ver hacia afuera. El enfoque es que todos debemos tener una misma visión hacia el mismo lugar. ¿Cuál es ese lugar? Los jóvenes que Dios ama y a quienes Él les ha dado un valor impresionante. Nunca olvides que Dios le puso valor a tu vida y a la de ellos.


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¿Has Perdido Algo de Valor?

Salíamos de mi casa en el automóvil cuando, ya habiendo recorrido un buen tramo, me percaté de que no encontraba mi iPad, siendo que la traía conmigo unos momento antes. La busqué por todos lados hasta que, sin más opciones, detuve el coche. Me bajé y, para mi sorpresa, la encontré sobre el techo.

“Una persona perdida espiritualmente es alguien a quien perderemos eternamente”.

Cuando Jesús habla de los perdidos, no quiere decir que sean personas que no encontraba o que se le perdieron en la calle. ¡Qué angustia es perder a alguien que amas! Por ejemplo a algún familiar ¿Te ha pasado? ¡Es horrible! Cierta noche, varias horas después de habernos ido toda la familia a dormir, me desperté y decidí ir a ver cómo estaban los niños. Entonces me di cuenta de que no se encontraba una de mis hijas. La busqué por toda la casa, pero no la encontrába ¡Me asusté tanto! Resultó que se había ido a dormir al cuarto de su hermanito (donde ni siquiera él mismo duerme) y ese fue el último lugar donde se nos ocurrió buscar. En tres parábolas del evangelio según Lucas, Jesús nos habla acerca de algo o alguien que estaba perdido. Dios habla de los que están lejos de Él como “los perdidos”. Los perdidos son quienes no tienen una relación con Dios, son aquellos que están lejos de la casa del Padre. Pero hay algo peor que perder un iPad o a una persona físicamente, y esto es: perder a alguien espiritualmente… para siempre. Una persona perdida espiritualmente es alguien a quien perderemos eternamente. Pero como no logramos entender lo que vamos a vivir en la eternidad, no podemos llegar a comprender y valorar lo que es estar eternamente con Dios. ¿Qué tiene más valor, las cosas o la gente? ¡Por supuesto que la gente! Nuestro esfuerzo por alcanzarlos y encontrarlos debe ser de la misma intensidad que al buscar a una persona que amas profundamente. En nosotros debe arder el anhelo por encontrarlos y buscarlos espiritualmente para traerlos a la luz.


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Motivo de Fiesta

“Cuando tú llegaste a los pies de Cristo, hubo fiesta en el cielo”.

Qué interesante es que Jesús repite varias cosas en esta parábola. Aquí repite la celebración, el gozo la “fiesta”. El hombre encontró la oveja perdida e hizo una fiesta con sus amigos y vecinos para que se alegraran con él. La mujer que perdió una moneda (dracma), hizo lo mismo. Y cuando el hijo pródigo regresó, el padre le hizo una gran fiesta. ¿Nos alegramos cuando alguien entrega su vida a Cristo? ¿Por qué alegrarse? ¡Porque lo encontramos! Debemos entender que hay gente ahí afuera que no está lista para recibir a Cristo, sin embargo, hay quienes ya están sensibles a la voz de Dios. Medita en esto: Cuando tú llegaste a los pies de Cristo, hubo fiesta en el cielo.

“No se trata de tu comodidad, se trata de Cristo “.

En un noticiero apareció una señora diciendo que su esposo había sido secuestrado. Ella y su familia dieron dinero para pagar el rescate pero nunca se supo que pasó con él, si estaba vivo o muerto. ¿Cómo te sentirías tú? Existen padres a quienes les han robado a sus hijos y hasta la fecha no saben de ellos. Si en lo físico es algo tan doloroso y tan fuerte, ¡imagínate la realidad de que alguien se pierda eternamente! Dios te está llamando para salvarte, pero también para enviarte y alcanzar a aquellos que están perdidos. El propósito de conocer a Dios no es solo para que puedas sentirte perdonado y sentirte bien contigo mismo. ¡Olvídate que el personaje central de todo esto eres tú! No pienses que tú eres lo más importante! Esto no se trata de ti ni de mí; el más importante y el centro de todo esto es Jesús. No se trata de tu comodidad, se trata de Cristo.


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 3 Cosas Que No Debemos Perder

1. Tener compasión

“Los cobradores de impuestos y otros pecadores de mala fama a menudo venían a escuchar las enseñanzas de Jesús”. Lucas 15:1

Jesús hablaba del arrepentimiento y los pecadores no le huían, más bien se acercaban a Él. Lo más común es que aquellos que saben que andan en pecado no quieran ni venir a la iglesia porque les da miedo. Pero a ellos no les daba miedo acercarse a Jesús. Lo más impactante de esto es que ellos no iban por los milagros o para ver un espectáculo; iban para oírlo. Yo aquí creo que, a pesar de ser pecadores, se acercaban a Él porque percibían compasión y misericordia. Esto no quiere decir que Jesús apapachaba lo que estaba mal, no, Él nos acepta como somos pero quiere transformarnos. Más bien ellos sabían que Jesús no los iba a señalar, ¡los iba a perdonar! Necesitamos tener compasión y entender que los jóvenes alrededor están pasando por cosas muy duras y necesitan el amor de Dios. El instrumento para expresar Su amor eres tú.


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2. Esforzarnos

“La gente no va a venir sola, tú tienes que mostrar compasión y ser sensible a todo lo que hay alrededor tuyo”.

En una de las parábolas, un hombre perdió una oveja, y tal vez pienses que eso no debió importarle mucho, ya que tenía 99 ovejas más. Aún así, fue a buscar a esa ovejita que se había perdido. Jesús aquí dice algo al final: “¡Hay más alegría en el cielo por un pecador perdido que se arrepiente y regresa a Dios que por noventa y nueve justos que no se extraviaron!” (Lucas 15:7 NTV). ¡Necesitamos esforzarnos! En esta historia vemos que el hombre fue a buscar a la oveja, mientras que en otra de las parábolas, una mujer buscó una moneda perdida. Necesitas esforzarte para encontrar algo que es valioso. ¡No va a aparecer por sí solo! La gente no va a venir sola, tú tienes que mostrar compasión y ser sensible a todo lo que hay alrededor. Tenemos que ir a donde ellos están porque son valiosos. ¿Cómo podemos esforzarnos? Pudiéramos hacerlo dedicando gran parte de nuestra oración para aquellos que no conocen a Cristo.

3. Ser persistentes

En cada parábola Jesús hace énfasis en “buscar hasta encontrar”. Y en las tres parábolas, no pararon hasta encontrar lo que habían perdido. ¡No te rindas, persiste! Todas esas personas son valiosas para Dios y Él quiere usarte para que seas el instrumento que les traerá de regreso a casa del Padre.

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Viviendo en Cristo
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