¿Tu vaso está medio lleno o medio vacío?

¿Tu vaso está medio lleno o medio vacío?

Atrévete a ser lleno del Espíritu Santo

Acéptalo, permites muchas cosas en tu vida, en tu mente y en tu corazón que en realidad no te satisfacen. Buscas ocuparte con mil cosas que lejos de hacerte sentir pleno, sólo llenan un espacio en tu agenda. ¡Anímate! Dios desea llenarte con Su Espíritu Santo.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Ef. 2:8-9 Reina Valera Revisada 1960

Cuando ponemos nuestra confianza en el Señor Jesucristo nos convertimos en creyentes de la fe. Invitamos a Jesús a ser nuestro Señor y Salvador por medio de una oración que expresa de manera verbal lo que creemos en nuestro corazón, pero la vida cristiana no se queda ahí. Más allá de una confesión de fe, Dios desea llenarte con Su Espíritu. ¡No te conformes con la emoción del primer encuentro con Cristo! 

Pablo, en la carta que escribió a los cristianos de Colosas, nos dice que somos llenos del Espíritu Santo de la misma manera en que invitamos a Jesús a nuestra vida: por la fe. “Por tanto, de la manera que recibisteis al Señor Jesucristo, andad en Él” (Col. 2:6).

Preparemos nuestro corazón

Es vital que nuestra fe sea sincera puesto que por medio de ella podremos clamar la llenura del Espíritu de Dios. Esto es resultado de un corazón que está genuinamente preparado y rendido a Dios. ¿Cómo lograrlo?

Aquí te dejo 4 pasos importantes que considerar para alistar el trono de nuestro corazón, de modo que el Espíritu Santo tome el control total de nuestra vida:


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1.- Asegúrate de que eres miembro de la familia de Dios

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” Jn. 1:12

Todos somos creación de Dios, pero no todos somos hijos Suyos, y el versículo anterior nos da la clave para saber si lo somos o no. Cuando confesamos nuestra fe en Jesús pasamos a formar parte de la familia del Rey. Entonces podemos aspirar a ser llenos de Él y a disfrutar de sus bendiciones.

Tal vez crees en la existencia de Dios Padre y de Su hijo Jesús, y has tratado de vivir una vida honesta, pero nunca has dedicado conscientemente tu vida a Él. Como mencionaba en un principio, invitamos a Jesús a ser nuestro Señor y Salvador por medio de una oración de fe. No existe una fórmula o una combinación de palabras exacta para esto, lo que verdaderamente importa es que en tu corazón creas en Él y desees recibirle.

Si tú ya hiciste esta confesión de fe pero en este momento no te sientas con el mismo fuego o pasión del principio, ¡es tiempo de reconciliarte con Dios!


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2.- Permite que el Espíritu Santo te dirija

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” Ro. 8:14 

Ante cada situación que se nos presenta podemos decidir andar por nuestro camino o buscar la dirección de Dios.

El Señor nunca nos obliga a seguirlo porque esto debe ser una acción consciente y voluntaria de parte nuestra, pero si realmente deseamos vivir para honrarle, Él nos dará el poder para hacerlo. El Señor Jesucristo prometió: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mt. 5:6).

Ceder el control de nuestra vida a Dios no es fácil, principalmente porque creemos que nuestra vida está mejor cuidada en nuestras manos que en las Suyas, aunque en realidad es todo lo contrario.

Él es nuestro Creador, Él nos ama y desea bendecirnos. Permitírselo implica ejercitar el músculo de nuestra fe y declarar: “Cristo, yo decido creer en ti.” 


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3.- Entrégale todo a Él 

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” Ro. 12:1

Hay personas que quisieran rendir su vida a Jesús pero se detienen porque les importa más la opinión de la gente, las costumbres, los antiguos pensamientos religiosos, la familia, etc. Realmente no hay nada que te impida seguir a Cristo, a excepción de ti mismo. La decisión es solamente tuya. En el trono de tu corazón sólo hay lugar para Jesús o para ti; no puedes pedirle que reine en tu vida si tú no estás dispuesto a cederle el lugar de honor.

Oraciones como las siguientes son un ejemplo de una entrega parcial de nuestra vida:

“Señor Jesús, te rindo mi vida… pero yo me ocupo de mis finanzas.”
“Señor Jesús, lléname con Tu Espíritu… pero tal vez siga siendo enojón y descontrolado.”
“Señor Jesús, te doy el control de mi vida… pero no te metas en mi vida sentimental.”
“Señor Jesús, toma el trono de mi corazón… pero yo seré quien diseñe mi futuro.”

El problema aquí es que aunque le llamemos “Señor Jesús”, si Él no es Señor de todo, ¡entonces no es Señor de nada!

Es imposible conocer el gozo, la emoción, y la aventura maravillosa de la vida llena del Espíritu, si no hemos rendido completamente a Cristo cada área de nuestra vida.


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4.- ¡Limpia tu corazón! 

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” 1 Jn. 2:1

El salmista escribió: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Sal. 66:18). Esta es una ley básica de nuestra relación con nuestro Padre. Él no escucha la oración de un corazón lleno de pecado a no ser que de por medio haya arrepentimiento sincero.

Puede ser que tú ya hayas entregado un área de tu vida a Jesús, pero en algún momento de debilidad caes en pecado, o sea que subes nuevamente al trono de tu corazón. El apóstol Juan escribió: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:8-9).

De modo que el paso final -y probablemente el más importante- en el proceso de preparar nuestro corazón para ser ocupado por Dios es pedir que nos limpie de todo pecado. Debemos sencillamente esperar en silencio ante el Señor a que nos revele, por medio de Su Espíritu Santo, cualquier área de nuestra vida que no esté ordenada.

¿Ofendiste a alguien y no has pedido perdón? ¿Has sido deshonesto en tu escuela o trabajo? ¿Caíste en vicios? ¿Eres chismoso? 


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Vivir con la llenura del Espíritu de Dios es increíble, y es lo que Dios desea para ti. No te conformes con una vida cristiana a medias. ¡Atrévete a buscar más del Señor y de lo que tiene para ti!

“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” Lc. 11:13

 

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Crecimiento Espiritual
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