Discípulo

Verdaderos Discípulos

Esta es la verdad del Evangelio.

Cada vez serán más y más las circunstancias que nos obliguen a demostrar si verdaderamente somos hijos de Dios. El mundo nos irá orillando y presionando de modo que tendremos que demostrar, al Señor primeramente, que estamos firmes en Él. Cuando leo la Palabra y los Evangelios, me doy cuenta de que la vida cristiana está ejemplificada a través de historias de gente que se compromete y toma decisiones firmes. Nunca vemos en la Escritura que el propósito de Jesús sea que nosotros seamos solamente seguidores sino que seamos discípulos.

A pesar de que Jesús era seguido por multitudes, ese no era su propósito principal; Su propósito era hacer discípulos. Muchos lo seguían por varias razones. Algunos lo seguían por los milagros, otros por la provisión o simplemente por curiosidad. Algunos querían escuchar y otros iban tal vez porque no tenían ninguna otra cosa que hacer. Esto no le hacía diferencia a Jesús. Él volteaba hacia la multitud y les dejaba en claro: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24 RVR1960). Eso significa que hay una oportunidad; existe una puerta abierta. Tal vez tú pienses que para ser discípulo se necesita tener alguna clase de llamado especial, pero no es así. Jesús nos llama a todos a ser discípulos.

Un discípulo es alguien que recibe la vida de su maestro. Discipular significa transmitir vida. Aunque Jesús hablaba al pueblo a través de enseñanzas y parábolas, lo que verdaderamente impactó a los discípulos fue Su vida. La vida es lo que se transmite. Tal vez tú no recuerdes muchas de las cosas que se han predicado en tu iglesia, pero recuerdas la obra que el Espíritu Santo efectuó. Sin embargo, tu vida no puede estar marcada por un fin de semana. Jesús quiere tener una relación continua contigo. Él quiere transmitirte Su vida.

¿Realmente quieres seguir a Jesús? Entonces, Él te dice que debes hacer tres cosas al respecto: “Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”.


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Cristianos “Light”

“Ser discípulo de Jesús no tiene nada de casual, conveniente ni cómodo”.

Hoy en día vivimos una circunstancia muy complicada porque cada vez se presenta más un cristianismo “light”: Todo a medias. Vemos gente que no quiere servir en sus iglesias, gente que no quiere comprometerse. Aún si quisiéramos ver las cosas de una manera tan ligera, nunca vamos a poder cambiar el estándar de Dios. Los jóvenes de hoy quieren tener una vida cristiana casual, conveniente y cómoda. A veces no quieren ir a la iglesia. Solo actúan cuando “lo sienten”. Buscan lo que les hace felices y que se adapte a lo que desean. Quieren oír solo lo que les hace sentir bien. ¡Ya nadie quiere pagar un precio ni hacer sacrificios! La vida cristiana no es así; es algo completamente distinto.

Ser discípulo de Jesús no tiene nada de casual, conveniente ni cómodo. Quizás este no sea un mensaje popular, pero es la verdadera Palabra de Dios. ¡Este es el verdadero Evangelio! Lo único que va a mantener a esta generación firme es entender realmente lo que significa ser cristiano. Ser cristiano significa pagar un precio por seguir a Cristo.

Negarse

El negarse a uno mismo no se refiere solamente a nuestros deseos y placeres; es algo más profundo. No se trata simplemente de alejarnos de ciertos actos, se trata de dejar de ser, nosotros mismos, el centro de nuestra vida. Es tener la actitud de decir: “No vivo para mí mismo. Todo lo que hago, lo hago para agradar a Dios. Todo lo que hago y pienso pone a Jesús como el centro de mi vida sin considerarme a mí primeramente”.

Dios no quiere que vivas una vida centrada en ti mismo. Esa es la vida que promueve el mundo, una vida egocéntrica. El mundo te dice: “Tú eres el centro, todo se trata de ti. Todo se trata de lo que tú quieres”. Pero te tengo una noticia: Dios no quiere que tú seas feliz bajo tus propios términos. Él quiere que te entregues a Él y descubras la verdadera felicidad que se encuentra en Él. La felicidad que el ser humano persigue está muy lejos de la que Jesús da.

La verdadera felicidad es vivir para Jesús. Cuando tú vives para ti mismo, no tienes llenadera; nada te satisface. Vivir para Jesús es negarnos el derecho de tomar nuestras propias decisiones y decidir en base a Su voluntad. Cuando vives para Jesús, encuentras plenitud porque estás viviendo para Él y no para ti.

“¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos”. 1 Corintios 6:19 NTV

Negarnos a nosotros mismo es difícil, pero Dios nos llama a tomar decisiones a la sombra de la cruz y no la de nuestro corazón. Si tú estás viviendo una vida cristiana pensando solamente en ti, estás equivocado. Cuando vivimos para satisfacer nuestros propios deseos, erramos. Tener a Jesús como el centro de nuestras vidas nos garantiza que no nos vamos a desviar porque vamos a vivir conforme a Su voluntad. Negarnos es agradar a Dios.


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¡Muérete!

Debemos experimentar el morir. El mundo quiere creer en Dios o decir que cree en Dios pero viviendo una vida pecaminosa y de depravación. Quieren adaptar a Dios a su manera de vivir y eso no es lo que Él desea. ¡El Señor quiere que muramos a nosotros!

La homosexualidad era antes definida como una desviación, pero ahora se le llama orientación o preferencia. Sin embargo, la Biblia es muy clara al respecto:

“Los hombres, por su parte, en lugar de tener relaciones sexuales normales, con la mujer, ardieron en pasiones unos con otros. Los hombres hicieron cosas vergonzosas con otros hombres y, como consecuencia de ese pecado, sufrieron dentro de sí el castigo que merecían”. Romanos 1:27

Un gran error que la gente comete hoy en día es pensar que uno no puede estar mal si tiene un deseo genuino. Es cierto que un hombre puede tener un deseo hacia otro hombre o una mujer hacia otra mujer. Ese deseo puede ser real y nadie está diciendo lo contrario. Sin embargo, no porque ese deseo sea real en tu corazón quiere decir que sea correcto. ¿Deseaste alguna vez matar a tu maestro de matemáticas? ¿Quisiste vengarte de alguien mientras manejabas? Si nuestra meta es hacer lo que deseamos en nuestro corazón, ¡ya valimos! Jesús dijo: “Lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre”. El que desees algo no significa que esté bien. ¿Has hecho cosas equivocadas por seguir tus deseos? Muchos hemos sufrido por hacerlo.

“Dios es nuestro Creador y Él sabe cómo funcionamos”.

El instructivo con el que venimos dice: “Esta criatura debe amarme con todo su corazón”. El libro de Génesis, capítulo 2 nos dice que “Dios formó al hombre” (v.7) y que Él vio que no era bueno que el hombre estuviera solo. El Señor vio a Adán todo solo, agüitado y pateando lagartijas. Ni siquiera había alguien que le dejara las palomitas azules. Así que Él tomó una de las costillas de Adán y le creó ayuda idónea. No creó a otro hombre, ¡creó a una mujer! Él conocía la verdadera necesidad de Su creación.

Tal vez pienses: “¡Pero esto es lo que yo quiero!”; sin embargo, esos deseos brotan de corazones pecaminosos. Si ese deseo es real, no te contradigo, pero no te puedo decir que esté bien. Si lo que quieres es entregar tu vida a Cristo, debes rendir tu corazón y convertirte en Su discípulo; debes negarte. ¿Quieres ser un verdadero discípulo de Jesús? Entonces niégate ese deseo y corrígelo. Pídele a Dios que te ayude a corregir tu camino y tus deseos. El deseo correcto es el que Dios designó para ti.

Yo no te condeno ni te juzgo; es la Palabra la que lo dice tal cual. Puedes sacar un texto de contexto para utilizarlo como pretexto, pero la verdad no necesita ser defendida. Dios nos dio libertad de hacer lo que queramos pero todos vamos a pagar las consecuencias de nuestras decisiones.

Tú puedes tener muchos deseos en tu vida en cuanto a tus relaciones, tu profesión o tus vicios; pero esos deseos necesitan ser corregidos y ordenados. Si tienes deseos de emborracharte o de drogarte, tienes libertad de hacerlo. ¡Es tu decisión! Pero si quieres seguir a Cristo, entonces niégate a eso, muere a eso y síguelo. Ordena tu camino, tus deseos y tus sentimientos. Si tú y yo y nuestra sociedad nos movemos cada vez más por deseos en lugar de convicciones, vamos a parecer animales. Dios te dice: “Yo fui quien te creó, Yo sé lo que tú necesitas. Necesitas morir a ti mismo”.

“La cruz significa morir a uno mismo”.

Tal vez hoy tú tengas algún adorno o accesorio con forma de cruz, pero en los tiempos de Jesús la cruz era un símbolo horrible. Representaba un lugar de juicio, un lugar donde la gente pagaba por lo que había hecho mal. Era en la cruz donde tenían que reconocer que eran criminales. Negarte a ti mismo significa venir a la cruz y reconocer que has pecado. Tienes que reconocer que necesitas morir a todas esas cosas.

Cargar nuestra cruz nos da humildad. Quizás piensas que las circunstancias que atraviesas en tu vida son tu cruz, que tu hermanito menor o tu jefe son tu cruz. No, la cruz es algo que se toma voluntariamente. Es algo que tú dices: “Con permiso, voy a tomar mi cruz”. La cruz representa las cosas que deben morir en ti. Uno debe reconocer que tiene pecados, debilidades, luchas y deseos equivocados, reconocerlos y hacerlos morir sin justificarse ni apuntar a otros. Esa es la actitud de un discípulo. Si dejas de lado tu cruz, el orgullo brotará, tropezarás y regresarás llorando a tomarla de nuevo.

“Todos tenemos una cruz que cargar”.

¿Qué cosas tienes que reconocer en tu corazón? Reconoce todos los días tu carne, lo que te tienta, lo que te hace caer. Eso te va a mantener humilde y ubicado. Así reconocerás que necesitas a Cristo. Si no lo hacemos, llegamos a creer que somos unos súper santos y pensamos que no necesitamos a Dios. Nos llenamos de orgullo y nos creemos superiores a los demás cuando no es cierto. Este no es un mensaje bonito, padre o motivacional. No es un mensaje popular, pero es el verdadero mensaje del Evangelio: Debemos negarnos y morir.

Un discípulo no busca el camino fácil; no busca los atajos ni las apariencias. Los discípulos buscan santidad, los casuales buscan felicidad. Los discípulos se preguntan: “¿Cómo puedo servir?”, los casuales se preguntan: “¿Qué beneficio obtengo de esto?”. No busques felicidad al seguir al Señor; busca agradarle a Él.

A Dios le gusta que sirvas, pero le gusta más que tu corazón esté en orden. ¿De qué me sirve servir al Señor o tener un ministerio si en mi corazón no estoy muriendo a lo que debo? Lo que le da gloria a Dios es un corazón que se alinea a Su Palabra y a Sus deseos.

Los cristianos que van a destacar en esta generación serán los que se mantengan firmes hasta el fin. Hoy más que nunca nuestra sociedad está siendo bombardeada con tentaciones, deseos equivocados y desviaciones con el propósito de ponerte en rebeldía en contra de tus padres, de la Palabra y de la iglesia. Un cristiano ubicado sabe que vive para Cristo y está dispuesto a todo: perder su trabajo, enfrentar la burla y hacer cualquier cosa con tal de agradar al Señor. Tú tienes que tener un carácter definido y decir: “Yo no voy a vivir para agradar a otros. No voy a vivir para agradarme a mí mismo. ¡Voy a vivir para agradar a Jesús!”.


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Sígueme

“Aún si tú y yo vamos a la iglesia, podemos llegar a tener un vida vacía si no tenemos una relación con Dios”.

Seguir a Jesús significa tomar la dirección correcta. ¿Qué estás edificando en tu vida? ¿Cómo te ves en el futuro? Ojalá la respuesta sea: “Me quiero ver viviendo cada vez más para Él en todas las áreas de mi vida”.

Ser cristiano es emocionante porque no es asistir a una iglesia, tener una religión o pegar una calcomanía en el coche; ¡es tener una relación con Dios! La verdad es que el Fabricante, quien es Dios, nos hizo con una necesidad de relacionarnos con Él. Aún si tú y yo vamos a la iglesia, podemos llegar a tener un vida vacía si no tenemos una relación con Dios. No es la iglesia lo que nos llena; es una relación con Jesús.

Si viene desánimo a tu vida, lo que tienes que analizar es: ¿Te estás envolviendo de una actividad o de una persona? ¿Lo haces para la iglesia o lo haces para Dios? A veces yo no tengo ganas de servir en la iglesia. A veces estoy cansado o tengo problemas familiares y personales. Es en esos momentos cuando tengo que pisar base y decir: “¿Porqué hago lo que hago? ¿Para que me vean? ¿Para quién?” La razón por la cual hacemos lo que hacemos debe ser para Él, para el Señor.

El Final de Todo

¿Por qué negarnos? ¿Por qué morir? ¿Por qué seguir? La verdad es que tenemos que seguir a Jesús porque, en este caos mundial en el que vivimos, el único que nos va a encaminar a la salida es Él; el único que nos va a llevar al fin sanos y salvos es Jesús.

¿Cómo será el fin? Cuando compras un libro, puedes hacer trampa y brincar hasta la parte final. Hoy puedes hacer lo mismo y abrir la Biblia en Apocalipsis. A final de cuentas quien gana es Jesús. Tú puedes negarlo, pero algún día todos lo veremos. Dios, quien creó todas las cosas, tienen la última palabra.

¿Quieres llegar al fin? Niégate, muere y síguelo no solamente porque Él nos llevará al fin seguros, sino porque Él hizo lo mismo por nosotros: Jesús se negó a sí mismo, tomó Su cruz e hizo la voluntad del Padre y no la suya. Cristo hizo lo que el Padre le mandó: Se hizo hombre y cargó tú pecado y el mío, resucitó de la muerte para que tú y yo pudiéramos tener esperanza.

Al final, cuando este mundo y todas las cosas terminen, lo cual creo que está pronto a venir, la gente reconocerá cuál era el camino correcto, aunque ya muy tarde. La Biblia dice que “toda lengua confesará a Dios y le dará alabanza” (Romanos 14:11). Mirarán “a quien traspasaron, y harán duelo por él como por un hijo único” (Zacarías 12:10). “Habrá llanto y rechinar de dientes” (Lucas 13:28). La Biblia también nos dice que los últimos días serán como los que vivió Noé (Mateo 24:37). La gente estará haciendo su vida despreocupadamente, pero Dios cerrará la puerta del arca y no habrá quien la abra. El mundo puede decir lo que quiera, pero un día se topará con Jesús. La pregunta es: ¿De qué lado de la puerta vamos a estar?

Dios quiere ser el centro de tu vida. El camino es negarse, tomar la cruz y seguirlo. Si Jesús es el centro de tu vida, todo va a tener sentido y vivirás con propósito.

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Viviendo en Cristo
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