Integridad

Vivir con integridad no es fácil pero…

¿Vives de la manera que Dios quiere que vivas?

Una persona de integridad es aquella persona que busca hacer lo que tiene que hacer de la mejor manera posible. A diferencia de una persona mediocre que busca librarse de sus responsabilidades haciendo lo menos posible.

Dios no nos creó para ser mediocres ni ordinarios, sino que nos ha llamado a ser más que lo normal. Él nos ha llamado a sobresalir de entre la multitud, a ser personas de integridad. Si existe cualquier tipo de mediocridad, nuestras más grandes victorias y logros serán afectados.

Carácter de Una Persona de Integridad

Una persona de integridad se esfuerza por hacer lo correcto. Guarda su promesa aún cuando sea difícil hacerlo. Llega a tiempo a su trabajo y le da a su jefe un día completo de labores, no sale temprano ni dice estar enfermo cuando no lo está.

Cuando usted tiene un espíritu íntegro siempre se notará en la calidad de sus ocupaciones, y en la actitud con la que las hace.

Dios no bendice la mediocridad sino la excelencia. La escritura nos dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres…” Cualquiera que sea nuestro trabajo, debemos hacerlo lo mejor que podamos, como si lo estuviéramos haciendo para Dios. Si laboráramos con ese estándar en mente, Él promete que nos bendecirá. Debes comenzar la integridad en tu vida haciendo un poco más de lo que se te pide. Si tú debes estar trabajando a las ocho de la mañana, llega diez minutos antes y quédate diez minutos después.


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Camina la Segunda Milla

Muchas personas llegan a su trabajo quince minutos tarde, vagan por la oficina, van por un café y finalmente llegan a su lugar treinta minutos después. Se pasan la mitad del día hablando por teléfono, jugando o mandando bromas por Internet, y luego se preguntan: Dios, ¿por qué nunca me bendices? ¿Por qué nunca recibo ninguna promoción?

Sea honesto y diga toda la verdad. Si usted quiere sacar de la escuela un día a su hijo para llevarlo a ver un juego de béisbol, no mande una nota a la maestra al día siguiente diciendo: “Por favor perdone la falta de Juanito. Ayer no se sentía bien”. Posiblemente esté pensando: “si no lo hago así, me meteré en problemas”. Es mejor tener problemas con los hombres que meterse en problemas con Dios.

Dios no bendice la mediocridad, Él bendice la excelencia y la integridad. Pero…todos lo hacen, todos llegan tarde en mi lugar de trabajo, todos juegan en Internet cuando no se encuentra el jefe, todos se toman tiempo de más a la hora de la comida”.

Quizá sea cierto, ¡pero tú no eres como los demás! La manera en que vives, cómo conduces tu negocio o haces tu trabajo, si llegas a tiempo o no, todo refleja a nuestro Dios.

Tú has sido llamado para vivir una vida de excelencia, pues tú representas al Dios Todopoderoso.

Comienza a tomar las mejores decisiones en cada área de tu vida, aún en lo más cotidiano. Posiblemente te encuentres en una situación hoy donde todo el mundo está comprometiendo su integridad o tomando el camino fácil, pero no te dejes contagiar. Debes ser una persona con un espíritu excelente, que sobresale de entre la multitud.

Hechos a Su Imagen

Necesitamos recordar que representamos al Dios Todopoderoso, a Él no le gusta que seamos flojos, descuidados, ni desaseados. Debemos mostrar que somos Sus hijos.

Una persona de excelencia no se estaciona en lugar designado para personas con discapacidad simplemente para poder entrar y salir pronto. Hace lo correcto no porque alguien la esté viendo ni porque tenga que hacerlo, sino porque está honrando a Dios. Cuida la propiedad de otros como si fuera de ella, cuando está en un hotel no desperdicia el agua porque está pagando la habitación ni desperdicia la luz, ni maltrata los muebles solo porque no son suyos.

Esas pequeñeces y sutilezas que comprometen tu integridad harán que no disfrutes lo mejor de Dios.

Entendemos que descuidar estos pequeños detalles no impedirá que entremos al cielo. En la mayoría de los casos ni siquiera te provocará grandes problemas ni te hará la vida miserable. Pero serán obstáculos para que puedas subir a tu nivel más alto. Él desea personas que estén dispuestas a caminar esa segunda milla para hacer lo correcto aún cuando nadie los esté viendo. También desea que seamos personas de honor, confiables. Las personas íntegras son abiertas y honestas, no tienen motivos ocultos. Son personas de palabra, cumplen con sus compromisos; no necesitan de un contrato legal, su palabra es su fianza. Tratan bien a sus amigos y compañeros de trabajo así como a su familia. Cuando tienes integridad, haces lo correcto, ya sea que te estén viendo o no.


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Nuestra Integridad Será Probada

Nuestra integridad es probada cada día. Si el cajero en el banco te devuelve demasiado dinero, ¿tendrías la integridad de regresar y arreglar cuentas o te irías diciendo: Gracias, Señor, por esta bendición?

¿Dices que estás enfermo para no ir al trabajo y arreglar asuntos personales? Cuando suena el teléfono, y no quieres hablar con la persona que llama, ¿haces mentir a tu hijo? “¡Diles que no estoy en casa!”

Las personas dicen, “es solo una mentirita blanca que no lastima a nadie”. No, las mentiras no tienen colores en la Biblia, no existe la mentira blanca, gris o negra a los ojos de Dios. Una mentira es una mentira, y si no dices la verdad, eso es ser deshonesto y tarde o temprano tendrás qué dar cuenta de ello, terminarás segando lo que has sembrado.

No Comprometas Tu Integridad

Leemos de grandes compañías que se derrumban a causa de fraude e irregularidades en sus finanzas. Esas personas no comenzaron robándose cientos de miles de pesos, comenzaron llevándose un poco solamente. No te engañes, si tú puedes ser deshonesto sobre algo pequeño, después lo serás con algo más importante. Un robo es un robo aún si solo te llevas a casa los productos de oficina de tu compañía. Si no le estás dando a tu empresa un día completo de trabajo, es una falta de integridad o si tienes que torcer la verdad para conseguir esa cuenta nueva, es un engaño, y Dios no bendecirá aquello. Necesitamos vivir honestamente. Si no tenemos integridad nunca alcanzaremos todo nuestro potencial.

La integridad es el fundamento sobre el que se edifica una vida verdaderamente exitosa.

Cada vez que no eres completamente honesto, estás causando grietas en tu cimiento. Si continúas así, el soporte nunca podrá sostener lo que Dios quiere edificar ya que nunca podrás tener prosperidad duradera si antes no tienes integridad.

Posiblemente goces de un éxito temporal, pero nunca verás todo el favor de Dios si no tomas la decisión de escoger lo excelente. En cambio, Sus bendiciones nos alcanzarán si no permitimos nada menos que la integridad en nuestra vida.

¿Estamos Dispuestos a Pagar el Precio?

Todos queremos prosperidad en nuestra vida, pero la verdadera pregunta es: ¿Estamos dispuestos a pagar el precio por hacer lo correcto? No siempre es fácil. ¿Estamos liquidando nuestras deudas? ¿Somos honestos y abiertos en nuestros negocios? ¿Cumplimos con nuestras promesas? La integridad y la prosperidad son dos lados de la misma moneda, no puedes tener el uno sin el otro.

Busca siempre tener un compromiso con el Señor, haciendo lo que es correcto no importando el precio.

Si tienes un compromiso con la excelencia y la integridad, la felicidad será un producto natural porque Dios te recompensará mucho más allá de tus más grandes sueños.

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. Más el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas”. Colosenses 3:23-25

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Crecimiento Espiritual
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