¿Y Dónde Quedó la Semilla?

¿Te atreves a darle a Dios el control de tu vida?

¿Cuántas veces escuchamos acerca de Dios y le sacamos la vuelta? Es como escuchar algo pero no entenderlo; verlo, pero no distinguir qué es.

Imagina que en tu corazón hay un trono, quien se siente en él podrá tomar todas las decisiones y tener el control de tu vida. Hasta ahora tú has estado sentado(a) en ese trono como rey soberano de tus decisiones (tu vida), pero tu reino está destruido y tu pueblo pide ayuda a gritos. Las cosas se han salido de control y no sabes cómo resolverlo.

Con esto, lo que quiero explicar es lo siguiente: las cosas tarde o temprano se van a salir de nuestro control porque no tenemos la capacidad para solucionarlo todo. ¿Por qué?

Existen muchas razones, una de ellas es que somos seres emocionales e impulsivos. Sin embargo, Dios es perfecto, es sabio y ha prometido dirigir nuestra vida de la mejor manera. Solo necesitamos soltar el control. ¿Te atreves a bajarte del trono?


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Para explicar un aspecto espiritual Jesús usaba parábolas, ya que eran fáciles de entender para la mayoría de las personas. Una de las más conocidas es la parábola del sembrador, que encontramos en Mateo 13:1-23. En ella se habla de un sembrador que arroja semillas, las cuales caen en distintos tierra de diferente calidad. Nos menciona cuatro tipos de tierra: la tierra junto al camino, tierra poco profunda, espinos y tierra fértil.

Cuando se habla del sembrador o agricultor, Jesús se está refiriendo a Él mismo, mientras que la semilla representa la Palabra de Dios, es decir, la Biblia o lo que escuchamos predicar acerca de ella. La tierra se refiere a nosotros mismos y a nuestro corazón. Cada tipo de tierra representa algo diferente:

La Tierra Junto al Camino

“A medida que esparcía las semillas por el campo, algunas cayeron sobre el camino y los pájaros vinieron y se las comieron (…) Las semillas que cayeron en el camino representan a los que oyen el mensaje del reino y no lo entienden. Entonces viene el maligno y arrebata la semilla que fue sembrada en el corazón.” Mateo 13:4,19 NTV

¿Cuántas veces escuchamos acerca de Dios y le sacamos la vuelta? Es como escuchar algo pero no entenderlo; verlo, pero no distinguir qué es. Como cuando estás en clase y solo ves que el maestro mueve los labios pero no entiendes absolutamente nada. ¿Te ha pasado? En estos casos, el mensaje no entra a nosotros; nos es robado y no lo logramos comprender. La falta de entendimiento nos impide ver nuestra necesidad de cambiar y, por lo tanto, nuestra vida no es transformada.

¿Cuál es la solución?

Actualmente, ante los ojos de la sociedad, expresar nuestros sentimientos es sinónimo de un carácter débil. Esto ha dado como resultado personas duras o frías, incluso egoístas.

“Cuando oigan hoy su voz, no endurezcan el corazón como lo hicieron los israelitas cuando se rebelaron” Hebreos 3:15

La insensibilidad es lo que realmente nos hace débiles. La clave está en no endurecer nuestro corazón y dejar que todo ese hielo alrededor se derrita. No tengas miedo de creer, necesitamos humillarnos para poder crecer y aprender. No tiene caso resistirse a creer que Dios nos ama, realmente ¡Él nos ama! Escuchemos Su voz.

La Tierra Poco Profunda

Cuando no hemos establecido relaciones profundas o no tenemos raíz en Dios, las pruebas o palabras más fuertes provocan que la emoción se esfume y que decidamos alejarnos de Dios.

“Otras cayeron en tierra poco profunda con roca debajo de ella. Las semillas germinaron con rapidez porque la tierra era poco profunda; pero pronto las plantas se marchitaron bajo el calor del sol y, como no tenían raíces profundas, murieron. (…) Las semillas sobre la tierra rocosa representan a los que oyen el mensaje y de inmediato lo reciben con alegría; pero, como no tienen raíces profundas, no duran mucho. En cuanto tienen problemas o son perseguidos por creer la palabra de Dios, caen.” Mateo 13:5-6,20-21

A todos nos atrae la idea de poder vivir de alegría en alegría, ¿cierto? Pero las emociones son superficiales, ya que cambian constantemente. Basarnos solo en ellas nos impedirá anclarnos en cuestiones más profundas. La Palabra de Dios es vida, y en ella vamos a encontrar palabras de ánimo, promesas, bendiciones, y muchas otras cosas que van a dar gozo y alegría a nuestra alma. Sin embargo, esto es solamente una parte del vivir en Cristo.

Cuando no hemos establecido relaciones profundas o no tenemos raíz en Dios, las pruebas o palabras más fuertes provocan que la emoción se esfume y que decidamos alejarnos de Dios. No nos atrevemos a ir más allá de las emociones y, como consecuencia, obtenemos una “relación” de corta duración. Es como intentar volar con un paracaídas: te va a mantener en el aire por un tiempo pero tarde o temprano vas a descender hasta el suelo.

¿Cuál es la solución?

¿Cómo es posible profundizar en una tierra llena de piedras? Parece que olvidamos que Dios hace lo imposible. Si conoces o sabes cómo es el territorio de Israel, te darás cuenta que es prácticamente un desierto y, a pesar de eso, es uno de los principales productores de flores a nivel mundial. Él puede hacer un milagro en el corazón que aún no ha echado raíz. Aquí la pregunta es: ¿estamos dispuestos a profundizar en nuestra relación con Dios?

“¿No quema mi palabra como el fuego? —dice el Señor—. ¿No es como un martillo poderoso que hace pedazos una roca?” Jeremías 23:29

Una de las razones por la cual no profundizamos en Dios es porque esto implica enfrentar cosas difíciles. La Palabra nos revela nuestros secretos más dolorosos y derriba todos nuestros argumentos. La Palabra incluso nos muestra cosas que atesoramos y nos pide que las dejemos. Tenemos miedo de soltar todo por temor a quedarnos con nada, y no vemos que Dios tiene algo aún más grande. Nos da miedo el cambio. Necesitamos crear un compromiso y buscar de Dios aún cuando queramos huir de Él. Sólo de esa manera nuestro corazón podrá echar raíz.

Los Espinos

Los problemas se presentan ante nosotros como gigantes y parece imposible derrumbarlos porque nos hemos quedado sin fuerzas.

Otras semillas cayeron entre espinos, los cuales crecieron y ahogaron los brotes (…) Las semillas que cayeron entre los espinos representan a los que oyen la palabra de Dios, pero muy pronto el mensaje queda desplazado por las preocupaciones de esta vida y el atractivo de la riqueza, así que no se produce ningún fruto. Mateo 13:7,22

Este tipo de tierra podría describirse como “los que no aguantan”. Aquí ya conocemos de Dios, quizás vamos a la iglesia, leemos la Biblia pero nos quedamos en eso; caemos en una rutina y comenzamos a buscar nuevas experiencias afuera. Llegan distracciones, afanes, placeres, y todo esto logra sacarnos de nuestra relación con Dios. Estamos cansados y buscamos descanso en lugares equivocados. Nos estancamos y lo que antes nos parecía equivocado, ahora resulta atractivo. Los problemas se presentan ante nosotros como gigantes y parece imposible derrumbarlos porque nos hemos quedado sin fuerzas. Debido a que no nos alimentamos con Su Palabra y Su presencia, nuestra vida espiritual se muere de hambre.


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¿Cuál es la solución?

“Así que humíllense ante el gran poder de Dios y, a su debido tiempo, él los levantará con honor. Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes. ¡Estén alerta! Cuídense de su gran enemigo, el diablo, porque anda al acecho como un león rugiente, buscando a quién devorar. Manténganse firmes contra él y sean fuertes en su fe. Recuerden que su familia de creyentes en todo el mundo también está pasando por el mismo sufrimiento. En su bondad, Dios los llamó a ustedes a que participen de su gloria eterna por medio de Cristo Jesús. Entonces, después de que hayan sufrido un poco de tiempo, él los restaurará, los sostendrá, los fortalecerá y los afirmará sobre un fundamento sólido.” 1 Pedro 5:6-10

El pecado se puede presentar como la salida más fácil y práctica, pero necesitamos resistir a la tentación. “Resistan al diablo, y él huirá de ustedes” (Santiago 4:7). Solo así podremos avanzar y crecer. Recuerda que el pecado nos aleja de Dios. Necesitamos pelear aún cuando no tenemos ganas.

La mejor manera en la que podremos ser fortalecidos es humillándonos ante Dios y reconociendo que somos incapaces de levantarnos solos. Nunca vamos a buscar la solución a un problema que no podemos ver, he ahí la importancia de dejar el orgullo a un lado y reconocer nuestra condición. Hacerlo va a traer libertad a nuestra vida.

La Tierra Fértil

No se trata de quedarnos en el conocimiento y entendimiento de la Palabra, aquí se está hablando de ir más allá y dar resultados.

“Pero otras semillas cayeron en tierra fértil, ¡y produjeron una cosecha que fue treinta, sesenta y hasta cien veces más numerosa de lo que se había sembrado (…) Las semillas que cayeron en la buena tierra representan a los que de verdad oyen y entienden la palabra de Dios, ¡y producen una cosecha treinta, sesenta y hasta cien veces más numerosa de lo que se había sembrado!” Mateo 13:8,23

No se trata de quedarnos en el conocimiento y entendimiento de la Palabra, aquí se está hablando de ir más allá y dar resultados. ¿Cómo? Viviendo conforme a lo que ya creemos y conocemos, mostrando un cambio verdadero en todas las áreas de nuestra vida al realmente involucrarnos en la obra de Dios. Esto es a lo que se refiere con dar fruto.

Dios nos ha dado Su Palabra para estudiarla, memorizarla, comprenderla y ¡vivirla! Vivir en Cristo es algo que nos va a costar todo, pero para aquellos que se atreven a despojarse de eso y adentrarse en la aventura más grande de su vida, para ellos Dios tiene todo y algo más. Nadie dice que será fácil, pero Él nos asegura que valdrá la pena.

Sigue Avanzando

“Y las semillas que cayeron en la buena tierra representan a las personas sinceras, de buen corazón, que oyen la palabra de Dios, se aferran a ella y con paciencia producen una cosecha enorme”. Lucas 8:15

Somos una generación muy impaciente, acostumbrada a tener todo de manera instantánea, pero aquí una vez más se nos dice que necesitamos perseverar y ser pacientes. Aún teniendo un buen corazón estamos expuestos a caer. A lo largo del camino vamos a encontrar obstáculos, distracciones, placeres y todo tipo de cosas que van a querer tumbarnos y desviarnos de la meta, pero es ahí donde Dios nos dice que nos aferremos a Él como nunca y sigamos avanzando. Solo de esa manera vamos a producir “una cosecha enorme”.

¿Qué clase de persona somos? ¿Qué clase de corazón tenemos? ¿Qué tipo de tierra es la nuestra? Muchos de nosotros podemos decir que queremos cambiar y ver resultados en nuestra vida, pero para eso tenemos que estar dispuestos a pasar por fuego.

Quizás te identifiques con alguno de estos ejemplos. Quizás has pasado por todos. Cualquiera que sea el caso, para cada uno de ellos existe esperanza. La parte más difícil es empezar, ya una vez adentro, Dios no te va a soltar.

Una vida nueva es algo real y disponible para ti. Todos hemos cometido errores y todos necesitamos ser perdonados. Dios nos ofrece un nuevo comienzo, no dejes que tu pasado te arruine esta oportunidad. Sigamos creciendo.

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Crecimiento Espiritual
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